Entrevistas

“[Escribo]porque no se me ocurre otra forma de sobrevivir”

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Me di permiso para jugar con algunos nombres reales y crear ficción a partir de lugares y hechos de los cuales estuve muy cerca.

Lecturas para insomnes [LPA]: Cuéntanos ese proceso en el cual Alexéi Tellerías se convierte en escritor y, digamos, no en contador o abogado.

Alexéi Tellerías [AT]: Jajajajajajajajajajajajaa yo creo que fue algo desde muy temprano. La culpa, aparte de mis padres y sus respectivas bibliotecas, la tiene Silvano Lora y aquel encuentro poético de los sábados en la calle El Conde, amén de toda la literatura que devoré gracias a las bibliotecas mencionadas más arriba (digamos que para mi fue normal estar relacionado y vinculado con libros desde la infancia). Luego vendría el interés por generar textos propios, que empezó en quinto de primaria y se reconfirmó en un “concurso literario” en primero de bachillerato. Allí, inspirado por todo lo que estaba leyendo hasta ese momento, escribí mi primer “cuento”, una suerte de radiografía intimista y pseudo-autobiográfica que titulé “Crisis mental”. Ya para ese entonces el gusanito de la creación literaria había hecho casa en mi, y yo con mucho gusto lo dejé entrar. Saltamos a los 18 años cuando entre el Círculo Literario de INTEC y la Peña y Trova del Club Arroyo Hondo reavivé esas inquietudes creativas, principalmente en poesía, sin dejar de lado la narrativa.

[LPA]: ¿Hubo algún suceso que te hiciera comenzar a escribir Los peces del subsuelo?

[AT]: Creo que hay dos momentos. Uno está vinculado al foro de artes del portal ANivelDe.com, en el cual publicabamos nuestras creaciones literarias (principalmente poesía). Allí llegué a publicar una serie de textos en prosa llamada “Confesiones nocturnas de un alma en pena”. Una de ellas, tal vez la más desgarradora, es hoy el cuento “Gatillo 100” de “Los peces…”. Recuerdo que lo empecé a escribir una noche de sábado caminando por la avenida Bolivar camino a Soho (en la Zona Universitaria, lugar que –por cierto- es mencionado en Livin’ la vida under) después de un concierto en medio de un quille sabrá Dios por qué. Al llegar a casa, solo fue cuestión de vomitarlo sobre el teclado.

El otro momento está indirectamente relacionado con el anterior. Fruto de mi trabajo en “Anivelde”, conocí una puertorriqueña que me recomendó una página de literatura y temas variados borinqueña llamada “Preurbano.com”. Para hacer la historia larga corta, terminé siendo el primer colaborador no puertorriqueño. En una de esas vueltas, uno de los colaboradores había publicado un poema bastante sencillo llamado “deditos metal”, en referencia a la seña que se hace levantando el índice y el meñique, sostenindo el anular y el mayor con el pulgar durante los conciertos o como señal de identificación del rockero/metalero como tribu urbana.

Me gustó la forma como lo trabajó y eso me motivó a escribir las primeras líneas de lo que hoy es “La sensación del way”, inspirado en algunas historias reales que conocí. Luego, a modo de catarsis personal, escribí “Mía” para sacarme del sistema un desengaño amoroso. En ese proceso, buscando escribir una novela, salieron varias de las historias que conforman este compilado… me di cuenta de que funcionaban mejor como cuentos independientes y decidí continuar la serie basada en el rock local. Lo demás vino por añadidura.

[LPA]: ¿Cuál es el germen de Los peces del subsuelo?

[AT]: Aparte de las razones personales, creo que surge a partir del pensar que existía (y aún existe) toda una veta virgen para la narrativa en la escena rock local. No pienso abandonarla, hay muchísimo que contar y alguien tiene que hacerlo. Las historias han seguido llegando y yo ahora mismo me encuentro en esa nueva fase de investigación, ya no a partir de vivencias personales sino también de experiencias ajenas. El nombre es un homenaje a la canción homónima del grupo de rock local Voces en el Plasma, a quienes pedí permiso para titular así el conjunto de los cuentos. Me gustó la metáfora que hacía del “way” rockero: peces de un subsuelo, “el underground” criollo, al cual hago referencia en varias de las historias, con su propia vibración, su propio universo gritando a los oídos sordos de quienes se hacen llamar a sí mismos “gente normal”.

[LPA]: Son notables dos elementos que están muy presentes en Los peces del subsuelo: el rock (desde el título) y la movida nocturna capitalina (la Zona Colonial como epicentro de este universo) ¿podrías explicarnos por qué esa presencia tan notable de estos elementos?

[AT]: Creo que la presencia está explicada en tanto yo fui testigo y parte de esa movida durante los años en que ocurren las historias. Me di permiso a jugar con la ficción a partir de hechos concretos e historias reales con la idea de jugar con la memoria sonora y geográfica. Por eso creo que se pueden hacer varias lecturas del libro, incluyendo un mapa de los lugares que menciono (algunos todavía existen) y de las canciones que sirven de título, epígrafe o que bien son mencionadas dentro de alguno de los cuentos (“Boogie boogie” de Guaitiao y “Privilegio es vivir en una democraCIA” de JLS son dos de estas últimas). Cuando empecé a concebir el libro como una unidad propia, no había caído en la nocturnidad de “La Zona” como elemento característico y cohesitivo, pero era cuestión de que cayera por su propio peso: el rock dominicano encontró en ella (así, como si fuese una persona) su casa, y allí se hizo grande.

[LPA]: ¿Qué influencias (más allá del rock) están presentes en este libro?

[AT]: Está presente ese espíritu de ser coloquial y romper lo formal. Quise escribir historias con las que el lector se identifique fácilmente, lo haya vivido o no. Siento que mis principales influencias literarias en narrativa (Yoss, Rita Indiana Hernández, Ana Lydia Vega e incluso Mario Benedetti) se dejan sentir con fuerza en los once relatos. Otra influencia importante es la energía testimonial. Me di permiso para jugar con algunos nombres reales y crear ficción a partir de lugares y hechos de los cuales estuve muy cerca. Tengo que finalizar diciendo que haber leído “Requiem” de Ana María Fuster Lavín me acercó al concepto de “novela cuentada” y por eso en las revisiones posteriores al compilado que ganó en Alianza Cibaeña empiezan los distintos cuentos a dialogar entre sí y a crear una intertextualización que en lo personal me satisfizo.

[LPA]: ¿Cuáles autores o libros han marcado tu quehacer literario?

[AT]: Soy más de autores que de libros. Tengo que mencionar a Pedro Mir porque fue mi primer encuentro con el verso libre, allá por 1993 cuando el país celebró sus ochenta años con muchísimas actividades. Sigo con Ana Lydia Vega y Rita Indiana Hernández que me acercaron a una narrativa más llana, más coloquial y menos cargada de “afeites”. En esa misma línea, Mario Benedetti en su narrativa me permitió redescubrir lo cursi en un momento de mi vida, lo mismo que Juan Gelman. Incluyo a otros autores más contemporáneos con quien incluso tengo correspondencia amistosa como Ana María Fuster Lavín y Yoss (a quien sorprendí en 2012 cuando le mostré mi ejemplar de “Escritos con guitarra” una antología .

[LPA]: ¿En qué momento que el texto se acerca a eso que quieres decir?

[AT]: Creo que cuando lo universal sobrepasa lo personal del texto. Dicho de otra forma, cuando, al leerlo y revisarlo por quinta o sexta vez, me digo a mi mismo “¡Diablo! ¡Ya esto no parece que lo escribí yo!”. Confieso que soy mi mayor crítico.

[LPA]: ¿Qué tiene que tener el libro de otro escritor para que no lo abandones a mitad de lectura?

[AT]: Depende de muchos factores. Si es poesía, tiene que tener imágenes fuertes que me despeinen. Suelo abrir los poemarios al azar y leerlos en un orden aleatorio. Con narrativa de antemano tengo que estar muy enamorado de la historia para empezar a leerlo. Igual me pasa con los libros de ensayo e históricos, que suelen ser los que más busco cuando estoy en las librerías.

[LPA]: ¿Cómo crees que se encuentra la “salud” de la literatura dominicana en estos días?

[AT]: En un estado de creación constante. Falta, eso sí, que identifiquemos a los falsos profetas que están, sin darse cuenta, creando una escuela monofónica.

[LPA]: Y la sociedad dominicana ¿cómo anda?

[AT]: Buscándose a sí misma sin saber qué carajo está buscando y para colmo con los ojos vendados.

[LPA]: ¿Qué libro no te llevarías a una isla desierta?

[AT]: “El ocaso de la nación dominicana” de Manuel Nuñez. Llevo más de diez años tratando de leerlo y no puedo superar la página diez. De todos modos, creo que por su tamaño y grosor lo podría usar como arma contundente ante una eventual agresión.

[LPA]: ¿Con que sueñas?

[AT]: Con que no me pregunten “¿y qué más haces?” cuando digo que soy escritor.

[LPA]: ¿Qué te hace feliz? ¿Qué te entristece?

[AT]: Me entristece pensar que tenemos una sociedad que va con una cara de “no me importa” hacia el abismo sin darse cuenta, además de lo invivible que se ha puesto. ¿Qué me hace feliz? Trato de encontrar muchas felicidades cotidianas que me sirvan de contraveneno. Un libro interesante, una película retadora, que mi esposa me sonría del modo que sólo ella sabe, ese tipo de cosas.

[LPA]: ¿En qué nuevo proyecto trabajas?

[AT]: Estoy revisando varios poemarios que tengo inéditos a ver qué termino de hacer con ellos. Luego de que salga “Los Peces…” hay una de las historias que fue escrita en clave de guión y pienso readaptarla como novela (el universo extendido del underground rockero dominicano todavía está ávido de leerse en ficción). Al mismo tiempo estoy tratando de echar adelante la plataforma cultural “El Arañazo” que surgió en 2011 como alternativa ante la abulia cultural y con el objetivo de promocionar el arte contemporáneo dominicano, desde todas sus vertientes, enfocándose en literatura y artes visuales.

[LPA]: ¿Por qué escribes?

[AT]: Porque no se me ocurre otra forma de sobrevivir. Aunque suene cursi.

 

 

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Palabras prestadas..., Reseñas

Palabras para occisos por León Félix Batista

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©Daniel Lobo

 Una simple conjunción subordinante altera de manera radical el sentido (en su acepción de “dirección”) de una sentencia. La cohesión textual nos es puesta en abismo desde el título de este libro: accedemos a un diccionario no “de” sino “para” occisos. La conjunción, entonces, deja de congregar los elementos naturalmente contiguos, para vincular entre sí los más opuestos. Como el mar, por ejemplo, que en uno de sus poemas se repite tantas veces su estruendosa oquedad, esperando la ciudad que venga hacia él

La nomenclatura léxica, la clasificación verbal, el ordenamiento del imaginario, es empero muy distinto al propio de un glosario. El poeta, con “verbo de sarcófagos” se apresta más bien a descifrar los “manuscritos incomprensibles” por vía de un lexicón que limpie, fije y dé esplendor a lo que pasa, los sucesos, para lo cual precisa de un lector extranjero, una brújula de otro siglo que le comprenda

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Diccionario para occisos – Premio Nacional de Poesía Joven 2016

Aquí la portada del libro (ya en imprenta) y el veredicto del jurado.

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El jurado del Premio Nacional de Poesía Joven, organizado por la Fundación Cultural Lado B, integrado por los abajo firmantes, luego de haber leído los nueve trabajos participantes en esta primera convocatoria, determinaron otorgar el primer lugar al poemario Diccionario para occisos, amparado con el seudónimo de Fernando Hernández (cuyo nombre real resultó ser Rafael Román Féliz), por la forma  singular en que el poeta articula un discurso en el que se cuestiona el sentido de la existencia, de la propia existencia, desde lo cotidiano, logrando crear un ritmo que no decae a partir de imágenes poéticas muy bien logradas, donde las palabras se combinan de forma novedosa y extraña. El poemario utiliza la iconografía marina con una belleza, revestida de fuerza y dignidad, que convida al lector  al asombro a través de la palabra. Dado en Santo Domingo, República Dominicana, el 21 de noviembre de 2016.

 

Carlos Roberto Gómez Beras|Luis Méndez Salinas|Noé Zayas

 

 

 

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Los peces del subsuelo-Preventa

Los peces del subsuelo PortadaAmigos/as, les presentamos Los peces del subsuelo, de la autoría del periodista, poeta y artista multidisciplinar Alexéi Tellerías, una colección de relatos, con la que ganó el Premio de Cuentos de la Alianza Cibaeña en 2009, y en el que se cuentan historias en clave de guitarra distorsionada y botellas de cerveza. Relatos de una época en la que éramos “felices e indocumentados” y buscábamos respuestas en la música que escuchábamos, la forma en que vestíamos y nuestra despreocupación natural. Once relatos, algunos conectados entre sí, algunos sueltos, todos con el mismo punto de encuentro: la escena rock local de finales de los noventa e inicios de la primera década del dos mil. La ficción juega con la realidad entre referencias a músicos y bandas de aquella época y los lugares más frecuentados de aquellos días, que retornan a la vida bajo la imaginación de Alexéi Tellerías, un testigo presencial del segundo renacimiento del “rock local”. A partir de hoy, y hasta el 28 de marzo, el libro, editado por Luna Insomne Editores y que será presentado en abril, estará en pre-venta al precio de $RD500.00|$USD10.00 o €10.00 + envío (para quienes compren del exterior). Al adquirir tu ejemplar en el periodo de preventa ayudas a que este sueño se haga realidad y recibes un libro autografiado y tu nombre aparecerá en una página de agradecimientos al final del mismo. ¡El rock dominicano como nunca fue narrado!

Contáctanos a lunainsomne@gmail.com y a vuelta de correo te damos todos los detalles.